EL DEBER DE RESPETAR A LOS DEMÁS

Sunday, September 25, 2005

EL DEBER A RESPETAR A LOS DEMÁS


Cuando veo que mis actos ponen en peligro los derechos de los demás, sé que estoy poniendo en peligro mis propios derechos ..


Las sacudidas sufridas por el mundo civilizado en el último lustro parecen haber borrado el norte que debe marcar a todo ser humano en su modo de actuar cotidiano.

Después de haber vivido toda mi vida las grandes ilusiones de no pocos ciudadanos del planeta en distintos continentes en los cuales he tenido la bella oportunidad de vivir, este último lustro me ha impresionado por la crudeza de las vivencias experimentadas. Justo al convertirme en sexagenario, aniversario que coincide con no pocos eventos conmemorativos (fin de la II Guerra Mundial, lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, la división de Berlín, la 1ª Asamblea General de la ONU en Londres …) que han marcado nuestra Historia Moderna, parezco perderme en los últimos cinco años, quedando prácticamente en segundo plano las conmemoraciones por la fuerza nefasta de lo que sufrimos los amantes de la paz y la convivencia.

Cierto que el Nuevo Milenio comenzó con numerosas acciones bélicas en vigor pero cierto es también que el fin de la II Guerra Mundial no marcó el fin de las diferencias ideológicas o incomprensiones culturales que dividieron a las naciones ante la otra gran guerra y seguían manteniéndoles en bandos distintos a lo largo del Siglo XX.

Si con la caída del Muro de Berlín y el fin de la antigua U.S.S.R. se pensó que la nueva Rusia ya no iba a estar al frente del eje del mal, tampoco se esperaba que los restantes países del bloque comunista que sobrevivieron el deshielo de la Guerra Fría iban a constituir un núcleo solvente para resistir a la apisonadora occidental encabezada por los vencedores aliados de la última guerra mundial. Al parecer, ¡ al fin iba a haber paz !

Aunque siempre hemos defendido vivir el HOY, no podemos dejar de expresar nuestra frustración por no haber aprendido bien las lecciones que la Historia reciente insistentemente nos ha intentado enseñar.

Una revolución, la Bolchevique, puso fin a un imperio déspota, mientras que una guerra mundial enfrentó los defensores de la pureza de razas contra los que creían en los derechos iguales para todos, con la afortunada derrota del Nazismo.

Lamentable que hayamos olvidado tan pronto esas lecciones y los actuales dirigentes políticos hayan vuelto sobre los pasos de algunos de sus predecesores y repetido errores que deberían haber defenestrado de sus formas de ejercer el poder. En un frenesí colectivo de la Humanidad, los individuos se han mirado el ombligo y se han negado a mirar al prójimo más cercano, para obviar el que con algunos gestos personales estuviéramos molestando al otro. ¡ Ya no nos importa la convivencia !

El milenio no pudo comenzar peor, con la debacle de la inviolabilidad de las fronteras de Estados Unidos de América y el tambalear de la supremacía estratégica militar estadounidense, ante la indefensión padecida con los ataques directos en su territorio el trágico 11 de setiembre de 2001. Ni el más acérrimo anti-americano podía creerse las imágenes transmitidas en directo a todos los rincones del globo. Desde ese momento, como conocedor del entorno “yankee”, comenzamos a preocuparnos seriamente por la represalia que no tardaría en llegar.

Y la represalia llegó. El todopoderoso defensor de las libertades eligió un objetivo sobre cual verter su ira y su sed de venganza.

Cierto es que el caldo de cultivo se había generado unos años antes en otros conflictos y escaramuzas en una olla candente que ha sido el Oriente Medio desde hace cinco décadas, con el conflicto Palestino-Israelí como eje de la discordia.

Afganistán fue el preludio de la venganza. Este país que padeció el asedio de nada menos que tres ejércitos poderosos en siglos consecutivos, finalmente volvía a demostrar que los soldados que luchan en territorio conocido valen por 100. Había echado a los ingleses, repelado a los rusos con apoyo americano y finalmente, estaba dando a los “yankee” una dosis de su propia medicina.

Aceptadas las atrocidades cometidas en Irak por un gobernante incrustado en un régimen a su medida, nadie consideraba a Sadam Hussien como dirigente idóneo para cualquier estado. Sin embargo, también es innegable que su pueblo no había actuado para buscar una salida para desbancarlo. Al final, hubo que tramar una invasión colegiada, un acto que no tuvo el respaldo deseado por el Presidente Bush. Lamentable fue la forzada implicación de naciones cuyas poblaciones se opusieron abiertamente a tales participaciones. Y todo en nombre de la libertad y la defensa de la democracia.

Hoy, Sadam Hussien ya es un preso político pero Irak sigue siendo un país sin libertad, más bien todo lo contrario. Visto lo ocurrido y todo lo que sucede a diario, TODOS hemos contribuido llevar a ese país aún mayor tragedia y una guerra fratricida que ha enfrentado hasta a hermanos, una guerra civil en toda magnitud.

No importa tanto quién colocó la mecha ni cuándo fue prendida por primera vez. Intentar establecer el orden sería una discusión estéril, como el de saber qué fue primero – la gallina o el huevo. Lo que sí sé seguro es que hoy la traca disparada hace ya un buen tiempo no ha dejado de prenderse y como un juego de fichas de dominó, el estallido no se acallará hasta que haya caído la última ficha.

Vivimos en un sociedad que se ha hecho cómoda y ha vivido con indiferencia la aflicción ajena, pero pregunto - ¿ quién puede asegurar que su entorno no sea la siguiente en el punto de mira de los que turban la paz en libertad ? Nosotros, los residentes de Madrid lo vivimos no hace tanto. Los londinenses tampoco se libraron en incidentes más recientes.

Seamos sinceros y justos. ¿ Pensamos que el terrorismo islámico existe por voluntad antagónica de una cultura o una religión hacia el resto del mundo civilizado ? O por el contrario, ¿ puede ser la consecuencia de un cúmulo de actos históricos que han dado pie a la generación de resentimiento que unos pocos líderes político-religiosos hoy utilizan como arma arrojadiza en contra del mundo occidental que ha contribuido al caldo de cultivo de ese creciente odio ?

Sinceramente, yo opino que cada uno hemos contribuido a incrementar ciertos resentimientos hacia los que constituimos el mundo desarrollado y rico.

Ahora, nuestros gobiernos, ante el temor de las acciones terroristas, desean que los ciudadanos de a pie nos resignemos a renunciar a los derechos y libertades adquiridos con el fiel cumplimiento de nuestros deberes. No podía creer lo que oía a altos cargos británicos cuando justificaban los disparos a un pobre infeliz trabajador, transeúnte del Underground londinense. Coincidió que fue un inmigrante pero podría haber sido cualquier otra persona ciudadana de la Unión Europea. Encima el Ministro de Defensa del Reino Unido intenta convencer a sus colegas de la Unión para endurecer las posturas sobre detenciones de sospechosos de actos subversivos y terroristas.

Ya vivimos el susto en carne propia cuando después de los trágicos atentados del 11-M en Madrid, el gobierno saliente propuso imponer medidas cautelares que podrían hasta haber hecho peligrar nuestra libertad de mensajear a través de los teléfonos móviles, y vaya Ud. a saber que otras ideas descabelladas pueden haberse oído en los salones de La Moncloa en esos días.

Como ciudadano, y de modo muy personal, sinceramente prefiero correr el riesgo de un acto terrorista sobre mi persona a renunciar a los derechos inalienables de libertad de expresión y movimiento en un estado democrático de la Unión Europea, como es España.

No apoyo ni apoyaré jamás un acto terrorista como reivindicación para reclamar un derecho pero tampoco respaldaré la privación de un derecho fundamental como forma de ejercer la defensa contra los actos vinculadas al terrorismo ni la intromisión en un régimen independiente de un estado cuyo gobierno solamente incumbe a sus ciudadanos.

Como individuo respetuoso con La Ley y los derechos de los demás, espero verme correspondido con una postura parecida. En caso de diferencias de criterio, abro mi mente y escucho a la postura distinta e intento comprender el porqué de nuestras diferencias.

Quizá mejor informado, mi postura se aproxime a la de los demás que parecían pensar de otro modo a mí. Quizá la comunicación acabe en diálogo y por qué no hasta lleguemos a un compromiso.

Ante buena fe y sincera voluntad, difícil es que haya quien se resista. ¿ Es tan complicado por lo menos intentarlo ?